Las curvas de la vida

Cruzaba planicies de verdes gramales, regadas por riachuelos cuyo paso me obstruían hermosas vacadas, que abandonaban sus sesteaderos para internarse en las lagunas o en sendas abovedadas por florecidos písamos e higuerones frondosos. Mis ojos se habían fijado con avidez en aquellos sitios medio ocultos al viajero por las copas de añosos guaduales; en aquellos cortijos donde había dejado gentes virtuosas y amigas…” María- Jorge Isaacs

Llegar a Colombia y conocer lugares turísticos poco convencionales no estuvo en mis planes de pre- ni post lectura de García Márquez, porque desde “Isabel viendo llover en Macondo” o quizá antes, me bastaban sus descripciones y comentarios para imaginar un país verde, con mucha humedad y personajes silenciosos que emergían de pasados oscuros.

La invitación a compartir un viaje con Laura, Diana y Celia me llevó varias veces a una agencia local, primero a averiguar precios, luego a concretar reservas y más tarde a pagar un viaje hacia Cartagena que incluiría 4 días en Bogotá. Mientras, Vito y Mariano recorrían Centroamérica, se subían a los volcanes, descubrían Venezuela, asistían al triunfo (¡y al sepelio!! ) de Chávez, en ese riguroso e histórico orden.

Cuando los tiempos se fueron cerrando hacia la última curva, acordamos que se podían quedar en Colombia para que nos encontremos. Así pues, comenzó el recorrido con mis amigas por los aeropuertos ( Córdoba, Aeroparque, Ezeiza, Bogotá ) hasta desembarcar en tierras de Bolívar, con estatuas de Bolívar, Parque Bolívar, placa recordatoria de la fuga de Bolívar ( de sus perseguidores) y todo la mística bolivariana que hizo necesaria una urgente búsqueda de datos biográficos ( sííííí= nació en Caracas)

Bogotá es una ciudad rodeada de montañas, con un bello centro histórico, con su casa de gobierno fuertemente cercada por altas rejas y custodiada por soldaditos casi púberes ( no creo que haya pubertad para sus armas…) y su CASA DEL FLORERO, una colonial edificación que guarda la original historia acerca de la independencia ( = los colombianos son algo divertidos para hacer/ contar revoluciones).

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Luego, nuevo avión y la llegada a Cartagena. Consejo: Si Ud, amigo viajero, decide, como nosotras, realizar este viaje en el mes de julio, subirá al avión con una prenda de lana y al bajar sentirá la imperiosa necesidad de botarla desde la escalerilla… el cambio de temperatura es agobiante!.
Cartagena aparece en los libros turísticos como “una ciudad circundada por al agua: del Mar Caribe, de la bahía, de la ciénaga, de los canales , caños y lagunas… toda incendiada por el sol”. Puedo certificar esto último, y ratificarlo con cada centímetro de mi humanidad!, ya que del agua solo pude corroborar la del mar y la de la bahía. Y agrega el mismo libro: “ al bajar, le espera una fresca brisa marina” (= el cronista llegó en febrero! ). Llegar en julio significa encontrarse rodeado/ aprisionado/ empaquetado/agobiado por una humedad pegajosa que se convierte en una barrera para el goce visual.

Dicen que antaño la ciudad amurallada de Cartagena fue decrépita y triste. No es eso lo que vimos, primero en una inolvidable paseo nocturno a bordo de un mateo( coche tirado por caballo ) ni en el posterior recorrido guiados por un lugareño quien, tras el pago de $ 10.000 CO nos llevó al trotecito lento por los principales puntos de referencia, que incluyó una supuesta “ Casa de García Máquez”, sin placa identificatoria, donde, “ viven sus hermanas”… (este dato brindado con poco entusiasmo se agregó a otro: “ en Colombia no queremos a ese tal Gabo”, dicho por Lili, la encargada del Hostal Los Colibríes de Salento.

Terminada la temporada amigueril, comenzó la segunda etapa del viaje, esto es, hacer un trayecto , apenas atisbado en Internet, hacia Salento, en el Quindío, lugar en el que me esperaban Victoria y Mariano. Como al pasar, ella me había indicado viajar con algunos dramamines a mano… porque el camino era sinuoso. Lacónica como casi siempre, no pude percibir en este último adjetivo la verdadera dimensión del desafío cinetósico que me esperaba.

Avión de Cartagena a Bogotá y bus de Bogotá a… Armenia, capital del departamento del Quindío, la ciudad milagro de Colombia, gracias a su rápido crecimiento urbano en poco tiempo y uno de los principales núcleos de la economía nacional y parte del eje cafetero.

Las averiguaciones previas pronosticaban un viaje de 7 horas y la llegada a tiempo para tomar la última buseta a Salento antes de las 20:00. Nada de lo informado es preciso en tierras colombianas -¿americanas?

Porque el tal trayecto con camino sinuoso se convirtió en un descubrimiento a lo Marco Polo, pero terrestre, del verdadero significado etimológico, filológico ( y gástrico! ) del término “ SINUOSO” ( = retorcido, tortuoso, ondulado…) con infinidad de recodos, y muchas curvas y contracurvas, algo así como 3 horas de curvas!!! por una ruta de dos manos en la que nos enfrentábamos cada dos minutos con cinematográficos camiones Kenworth, Mack, Peterbilt ,Sterling, Caterpillar (o simples Dodge)  que mantuvieron mi cabeza erguida por encima de las butacas casi todo el peligroso trayecto… con ingesta doble del antiemético mencionado. Dicen que existen unas 12 rutas en el ranking de las más sinuosas en el mundo: una de ellas es la Stelvio Pass Road, en el este de los Alpes de Italia rural y otra la que cruza la Garganta del Dades en Marruecos , de la que se dice “ usted podría terminar siendo parte de la garganta…” ( Glup! )

No serán parte de mis próximos viajes, lo aseguro.

De vez en cuando, y hasta que hubo luz, podía darme cuenta de lo que cada curva significaba: ascenso, prolijo, lento, decidido ascenso por montañas (Andes Centrales), en cuyas laderas solamente crecía y se ofrecía a la vista la más verde vegetación que yo recuerde. De vez en cuando, allá abajo, se insinuaba, potente, un curso de agua. Cuando quería tomar una foto, la curva inesperada me ladeaba con cámara y todo contra el vidrio… y ya había desaparecido.. (el río, yo seguía bamboleanchi y anodada..)

Dicen, también, que dentro de uno tiempo, este trayecto se hará por el Túnel de la Línea , actualmente en construcción entre las ciudades de Calarcá y Cajamarca.

El conductor debe haber tenido el manual escaneado en los metacarpianos y metatarsianos : “Siempre bajá cuestas a la misma velocidad en la que las subís… Nunca pises excesivamente los frenos para aminorar la marcha cuando bajás, mejor probá sacando el pie del acelerador o haciendo un rebaje de caja,…en curvas muy cerradas y angostas, bajá las luces y tocá bocina para alertar a quien venga del carril contrario…” Cada bocinazo me recordaba alguna película de terror norteamericana ( de esas que yo no veo…), porque el camión que cruzábamos se asemejaba a Godzilla, que pasaba dominante como diciendo ¡ bien puedo!!

Llegamos, sanos y salvos, pero 2 horas más tarde, a la terminal de Armenia. Por supuesto, ya no había combi a Salento, y, por suerte, un inesperado alojamiento en el mismo edificio ( barato, limpio ) me permitió aquietar cuerpo y mente de las oscilaciones y partir hacia mi penúltimo destino colombiano al día siguiente.

Salento: pequeño paraíso en el eje cafetero, pequeña población con reminiscencias coloniales, gente amable de sonrisa presta, palmas de cera, histórico Puente de la Explanación para un ferrocarril que nunca llegó, Hostal Los Colibríes, Iglesia de Nuestra del Carmen con su imagen del Señor Caído, Paseo de los Artesanos… de cuántas cosas me olvido? De la tortilla de papas y locro con maiz triturado y carne cortada con hachita tipo Psicosis que pude cocinar para Vito y Mariano, de las muchas y exquisitas PIÑAS!!! y los panes de bono que comí. Cientos de momentos vividos en silencio, compartiendo con mi hija su particular y excéntrica aventura, que me hace conocerla un poco más cada día.

Todavía faltaban una cuantas curvas más para llegar a Medellín, admirar a Botero , sorprenderme por los gustos de la cultura paisa , dolerme por sus extensos barrios pobres, y regresar, con muchas fotos y un nuevo menisco roto ( me queda uno solo sano! ), para programar algún nuevo destino , en lo posible, de caminos rectos.

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FOLIO 1. “Barajas”, un aeropuerto y una novela

Ayer visitó La Rioja Alejandra Zina, autora de la novela “Barajas”.Es la historia de una azafata, que, entre cosas , confiesa: “Apenas se encienden los motores, los pasajeros pierden el control de sus vidas y se transforman en chicos aterrados que dependen de nosotras”.  Es una de las muchas imprecisiones que contiene el relato. Pero sirve partir de este libro, en el que, de manera casual, se reúnen un viaje ( el mío) con otro( el de Vito, mi hija) , y la lectura ( que ambas hicimos de la novela).

Los viajes. Los libros. Unos y otros unidos por el mismo cordón ubilical: el de la vida que tienen los sueños.

Comencemos, pues. A viajar, a leer, y a contar lo que pasa cuando se cierran los ojos.

Los primeros libros corresponden a la infancia ( por lo menos, a la mía). Y recuerdo como lecturas que me permitían ” viajar”  las aventuras de Sandokán, el Tigre de la Malasia. O “Veinte mil leguas de viaje submarino”, de Julio Verne.

Sin tener conciencia de esta relación, el 111 de julio de 2012, un tren me llevaría a la ciudad de Nantes,en la que hay una casa que recuerda a este último autor.

2013: UN AÑO NUEVO CON UN NUEVO LIBRO

En efecto: unas lecturas que conducen a otras me encontraron el 30 de diciembre de 2012, en nuestra librería insignia, Rayuela,  con el libro de Andrés Neuman titulado “ Cómo viajar sin ver”, que se presenta introducido por varias citas, entre ellas, esta: 

“Siempre he tenido la táctica de olvidar, a la que añadí más tarde la de caminar”. ( Joan Brossa).

El libro es la transcripción de una libreta de notas, las que efectivamente hizo el autor ( argentino,  reside en Granada)  mientras se trasladaba de un país a otro en territorio latinoamericano, presentando una novela anterior, ganadora del Premio Alfaguara 2009. Cada texto, alguno de ellos muy breves, permiten desear el viaje, intuir lo vivido, compararlo con experiencias similares que uno ha tenido o escuchado. Sube a los aviones y se baja de ellos en 18 ciudades, mira la gente, critica a  los empleados de las aerolíneas, repite comentarios de los taxistas, y comparte miradas rápidas desde una calle o un hotel.

Ejemplo:

Hotel en Panamá: Bristol. Clima del hotel: súper ejecutivo. Carácter en recepción: séquito asiático. En mi habitación hay frutas, fax, conexión a internet, ducha acristalada y bañera aparte, una docena de toallas, grifería dorada, una cama de tres plazas, reproductor de DVD, radio, despertador con altavoces para iPod, cepillo para trajes, paraguas, un kit para bebidas frías, lámparas de anticuario. Miro por la ventana. No se ve Boca La Caja”.

Adenda n° 1: yo sabría qué hacer en un hotel así….

Adenda n° 2: ¿Alguien que camine/ haya caminado por Panamá me puede decir que es Boca La Caja?

Panamá, cruce de cruces de cruces. Tránsito hecho identidad…

Eso dicen…

Eso dicen/ que al cabo de diez años/ todo ha cambiado/ allá

dicen/ que la avenida está sin árboles/ y no soy quien para ponerlo en duda

¿ acaso yo no estoy sin árboles/ y sin memoria de esos áboles/ que según dicen/ ya no están?

(Mario Benedetti)

Por las dudas me empiece a olvidar de lo que ví y leí, escribo